reHay personas atemporales, sí, esas que propician el encuentro y conciben el presente como un regalo. Con la palabra juguetean alrededor de la oreja, se introducen en el tímpano y caen por el tobogán "tráqueo" hasta el corazón. Una caricia, un empujón para acelerar la marcha, un abrazo para serenar el pulso, en algunas ocasiones el encuentro finaliza en el salón.
En otras convoca el escalofrío a las hormigas que, inquietas, caminan dejando el alimento donde se haya lo más rojo de todos y todas nosotros y nosotras (le pese a kien le pese). Esta vez ya hemos adentrado un poco más en la relación, donde se mezclan los olores, sabores, y colores. Compartiendo mesa y vino.
A veces el aroma resulta del encuentro más cercano, más pegado, más y más...
que arte que tienes miriam, es un placer leer tus sentimientos e impresiones
ResponderEliminarSigue asi
Muchas gracias, ¿conoces a algun editor? jajaja.
ResponderEliminarEn serio me alegro muchisimo que te guste.