... a quien me
inoportune este viaje.
¿¿Por qué el/la que se siente sufrido/a ha de esparcir su dolor, si esa persona misma ha elegido su vida?? ¿¿no es más fácil cambiar uno/a que intentar modificar al resto y dejar a los demás en los restos??
Permitanme mostrar mi opinión sobre el tema, pues en el camino han asomado discrepancias y mil opiniones no solicitadas acerca de mi manera de vivir o accionar.
Nos
autolimitamos el camino a cada paso, antes incluso de darlo. La
cabecita no habla, chilla en la mayoría de las
ocasiones y casi ni se escucha el latido del corazón.
No voy a pedir perdón por mis valores ni mi manera de entender el mundo, pues es mi camino el que se forja y entro de puntillas cuando algún lindo sendero se entremezcla con el mio.
Ya esta bien de tanto
griterío, de tanto
victimismo barato, problemas hay en el país vecino tía, no es el nuestro y aún menos en nuestra mesa repleta de comida, en nuestra sana familia, en la seguridad social o en las ametralladoras que nunca vemos en las calles.
Si el trabajo va de dentro hacia fuera: sale la conciencia, el conocimiento, se va la alienación, se camina de la mano de la incertidumbre y una descubre que la vida es cambio y oponerse a ello es
autocrear el conflicto, nada es para siempre ni estable... (menos mal) con lo lindo que es navegar. Vivan las marejadas que trae agua renovada, revuelta, diferente, inconstante...
Así doy una paso más hacia mí y en este
desencuentro muestro que el respeto ha sido la base de mi actuación y me
posiciona más cerca de mí y mis actuales maneras, aunque no estés dispuesta a respetarme yo si respeto tu forma de vida. Y cuando me regales gritos te devolveré silencio pero sin
oídos porque hay que mimarse y bien rodearse, así es el amor, un regalo que me gusta valorar...
la burra, la
kiero pa dar coces a quien me
inoportune este viaje...
Miriam Luna