En el silencio de la nocturnidad van tus pasos al ritmo de este corazón coraza...
impaciente late con más fuerza si nota tu presencia. Deseoso del encuentro no sabe dónde ubicarse ni qué letras cantarte.
Pasan los minutos que parecen horas y aún no has decidido rozar tus labios con los mios, (yo tampoco) esa linda boca derrite la fachada de este armario empotrado dejándome desnuda... cuando marches lo volveré a pintar. Tal vez hoy pida por esta boca que te quedes un poco más, sin acuerdos ni acordes, solo presente, deseando futuro...
La natura que me llama no es la misma que me alimenta, pasan los pasos delante de mis abismos y me quedo muda ante lo que me brinda la senda. Hoy entre la soledad de mis noches convoco al secreto mejor guardado, aguardo al ser que abra las puertas de este cementerio vivo.
Deseo tu aroma, tanto como el mio, navego loca de ustedes al infierno que me invierte y me descubre mía en la misma postura que ayer. Este corazón coraza no sabe de permanencias, es graduado en despedidas y le falta la asignatura de la revoltura persistente para doctorarse. Tengo la lección en mis manos y te miro al rostro para pedirte la aprobación, mézclate por mis maneras, desenfunda el arma que volverá loca esta cabeza y solo dará presente de encuentros al alma que navega sola desde hace mucho tiempo.
Encerrada en su castillo... cuentan las malas lenguas que ni han de ser malas porque mientan en su dialecto sino porque emplean la verdad como sable que va directo al corazón cerrado de noches sedentarias. Sólo me quedaré con lo más hermoso de cada uno/a, sólo pasaré como una suave brisa por los campos húmedos de tus maneras... sólo sé vigilar el castillo.
Miriam Luna
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