Dicen los carteles empotrados en el paisaje, el color rojo que baña las calles,
las llamadas inusuales recibidas en estos días, los hombres vestidos de rojo y blanco,
tres hombres raros que siempre van juntos, y muchas más cosas ajenas... dicen, que es navidad.
Tal vez el "espíritu navideño" lo mantiene la inocencia de los más pequeños y los grandes nos encargamos de gestionar, en esta casa hace ya muuuchos años que todos andamos y hace otra tandada de años que el pelo se transforma en hilos de plata.
En este hogar tooodo es bien distinto, entiendan que aquí no se sienta una en las piernas de los reyes, sólo a Baltasar se le ve de vez en cuando, tampoco se cantan villancicos ni se sale a buscar regalos porque andamos ocupados dedicándonos los unos a los otros. El paje real es la paja real y lleva años cruzando los dedos para que no le vuelva a tocar, al final de la cocina está la tata con los dedos también cruzados para que la lotería llegue al hogar... después de la salud. Las prioridades parecen estar claras.
En este hogar el árbol no ha crecido ni le han salido esas bolas redondas de colores. Aquí las realidades son otras y huele, desde el principio de la calle que lleva a mi casa a humanidad y amor en diversos formatos, sin condicionamientos de calendario.
Miriam Luna
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