domingo, 1 de agosto de 2010

Y llegó un año más el Festival de Teatro de Aguimes.

Gran Canaria. Las Afortunadas. 2010.


Un año más ha llegado el Festival del Sur. Lo primero que hace sentir que arranca este gran Encuentro es el viento y el camino de tierra que conduce hasta el Albergue. Ese faro ondea desde el comienzo del camino y anuncia que será la única luz que lo alumbre. Una vez en el aparcamiento se recomienda subir con fuerza e incluso con coraje el freno de mano pues hay una corriente única en este
mágico lugar de la isla capaz de mover los coches y, si una se descuida, hasta hacerlos volar. Ese aire violento avisa que estamos justo al lado de la puerta principal del Albergue, más conocido por sus habitantes festivaleros y festivaleras como Alcatraz.

Abro la puerta, despelusada, con las maletas en la mano, una sonrisa de oreja a oreja y me digo en voz baja y con la boca llena: arranca el Festival.

Sin duda no presenta solo un espacio cultural, sino un lugar de encuentros y reencuentros irrepetibles y compartidos, lleno, sí, muy lleno con un poco de todo aderezado con sal y aceite que de vinagre tiene poco. Es una oportunidad de conocer diversos grupos de teatro, lindas miradas, cocineros bailones, ronquidos, música, personajes, de reenfe incluso en las islas, arroz compacto, danza, nubes, tambores, cuentos, pre-festivales sonoros, títeres, cubatas, noches en vela... Y sobre todo a estas alturas se forja ya una historia de días, tardes y noches en velas, de costumbres deseosas de ser encontradas y de sonrisas ansiando ser devueltas. Siempre se ha respirado un aire mágico en este Festival y me encanta que tras años en él continúe aprendiendo en sus entrañas.

Bueno, estábamos abriendo las puertas y con las maletas en la mano para llegar hacia el balcón que todo lo ve, ese que promete que el sillón rojo sólo estará vacío por las mañanas. Es una de las vistas tatuadas en esta cabeza y en este corazón coraza, y que me recuerda inevitablemente que este año hay un cambio de dinámica en mis funciones. Me traslado del equipo de escenografía, ahora todo lo que cargo suena a clin clin, la cama está cerca de la Iglesia bien acompañada, las fiestas son fuera del cuarto, la ducha siempre está fría...

Ahora han pasado los días intensos en Alcatraz, en el teatro, en las calles de Agüimes, en el cruce de Arinaga, en la guagua, la casa Suárez, en los coches, en la Tartería, en el bar la Juventud (si van pídanse un sandwich de pollo),...
Me queda un rico sabor de boca por las nuevas personas que he conocido y con las que realmente he compartido desde dentro hacia fuera, disfruto de la nueva visión que me aportó estar en otro equipo, e incluso estoy fascinada por las ricas costumbres monótonas que han invadido mis días y que son propias de un Festival que ya tiene 23 años. Y por favor, esas visitas... ufff, aún me queda el regusto a ustedes en el paladar. GRACIAS.


Miriam Luna





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