Lo más que me sorprendió a la llegada fue la monumentalidad, la grandeza, los edificios que nacen en las orillas de las calles, las cafeterías y las terrazas de los bajos, las luces...
A pesar del abundante turismo al que se destina la mayoría de los rincones con encanto, se respira aún un aire burgués, de cultura, de intelectualismo.
Dan ganas de escribir, sentarse cómodamente en alguna de las mil terrazas acojedoras o en el interior de los bares tan bien decorados a leer, a solucionar el mundo en buena compañía, a compartir una tarde en los variados parques para ver figuras en las nubes, dormir o jugar con los malabares... Es importante aprovechar el ratito en la cafetería ya que un té sale de media 4 euros y un café 3 euros, por eso es conveniente alargarlo, jajajaja, así duele menos.
Me parecen ahora tantas cosas..., tantos lindos lugares frecuentados que repetí en el transcurso del viaje, los barrios: el Montmartre, el barrio latino...
Sin duda un lugar para repetir... por eso me decían que uno siempre hace más de una visita a París, conmigo se vienen los puntos suspensivos...