lunes, 28 de febrero de 2011

La penúltima carta... siempre la penúltima.


Querido grandullón:

En un mismo momento o en periodo similar danzan la vida y la muerte, tal vez el alma viaje con la misma rapidez de un envase a otro.

Tener el don de estar en el momento exacto sin saberlo y resolver oportunamente. Después de las mareas vivas aparece la calma y se ve el fondo sobre el que una ha estado nadando...

Siempre sentí agradecimiento por hacerme partícipe de este gran viaje. Cada paso anterior parece haberse diseñado mágicamente para darte y facilitarnos.

Procuro no renombrarte, huir de la dependencia... y esto, ni son versos, ni son textos, ni poemas, le escribo una carta al hombre que me subía a los roperos y me ha guiado a renacer viva.

Las pestañas las iré gastando, a veces se escapa tu nombre en algún rincón del pensamiento y saboreo ese menos que es más. Cuando la azotea divaga aparecen pinceladas de lo digerido socialmente, no te pre-ocupes continuaré alimentando los canales. La puerta está abierta....

Gracias mi niño! Ah! yo tb te kiero.