jueves, 22 de agosto de 2013

LA CASA, LA VIDA





  Hace ya varios años que la vida, nuestra vida humana, me parece una casa...
Cada edad es una planta, la primera comprende de los 10 a los 19 años, antes de esa edad estamos correteando por el jardín. Jugando a escondernos tras los matorrales, disfrutando al llenarnos de barro, mostrando sin muros ni protecciones lo que somos, mojándonos con la manguera y los aspersores, sin juicios, con naturalidad, si nos produce curiosidad algo simplemente observamos a pecho descubierto.

  Entramos en la casa y comenzamos a dividir, separar y organizar con el deseo casi constante de compartir.

  Ahora estoy en la tercera planta, sin tan siquiera pisar uno de los escalones que me llevan a la siguiente. De la segunda planta… casi no recuerdo, pasó todo muy rápido. Mientras descubro “mi planta” voy  acercándome a la siguiente y en realidad nunca sé, ni sabemos, cuantas plantas tiene la casa. Si sé que lo mejor está en la guardilla. Los secretos más guardados, los tesoros de la familia, la caja de galletas con las fotos, las reliquias y las sabidurías, aquello que nunca nos dijeron, la receta del queque de la abuela, el olor de la colonia de tata, las carcajadas...
Un espacio donde el tiempo no ocupa lugar y es el estar conscientes lo que más importa.

  Lo fundamental no es que planta ocupemos, cada casa es distinta: tu planta, tu proceso; lo importante es ver con claridad la meta, la guardilla.  


Miriam Cruz Acosta

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