miércoles, 4 de noviembre de 2009

Mojarse hasta las cejas... a cada paso



Resulta del resultado de las palabras supuestamente inconexas razón y corazón, la emoción; que anda exigiendo acciones materiales, coloras, subconscientes... presentes. Y cuando éste asoma bombea el corazón un líquido vizcoso, feo, con sabor a hierro y olor a muerto que nos hace estar vivos...

Así es que no vale ir a medias tintas ni sólo a lápiz que pierde la constancia con el roce, mejor el papel en blanco y lápices de colores que permanecen para ir pintando. No es un juego, hay que mojarse hasta las cejas a cada paso, para todo y con todo lo que decimos y aún más con lo que hacemos... porque con la excusa de que las palabras se las lleva el viento nos vamos sacudiendo de pulgas propias y ajenas que nos tocan.

En cada rincón del mundo hay algo similar, y en cada cueva una espiral que repite el cantar que años atrás nos tocó en la puerta, si quedaron asignaturas de otro curso o por similitudes cíclicas que tanto suceden. El viento oxigena los presentes, trae músicas diversas alimentadas del pasado y con forma de semillas que piden cariño y agua... como todos, como todas. Andamos pidiendo sin saber o a sabiendas que toca recibir, que es más fácil, más natural. Ha tocado la curva de la espiral que mucho tiene que ver con la felicidad, han vuelto las bromas de Antonio, ha regresado los abrazos de Rosi, me ha pinchado el cariño de los dos y un te quiero se ha dibujado en estos ojos que no recordaban que podían humedecerse más de la cuenta... continuará...


Miriam Luna


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